Podrías empezar por lamerme los domingos.
Creo que son los
días que más me dueles.
La película mala del último día de la semana
se empeña en
recordarme lo vacío que está el sofá.
Y llueve, como siempre desde que no
estás.
Para que va a salir el sol, si ya no te verá desnudo desde la ventana.
Y no creas que por la noche es mucho mejor.
Despierto
siempre a la hora
en que solíamos volver a casa borrachos, bañados en futuro.
Y
te juro que te veo.
Después desapareces, y despierto con resaca de sexo duro.
Como todos los domingos de madrugada.
Debería oler a verano. Pero lo cierto es que no es así.
Tengo el corazón resfriado.
Y goteras en los pulmones desde que dejamos de
compartir los petas.
Recuerdo cuando decías que a las chicas buenas
siempre nos
sentaba bien el humo.
Y la droga.
Y cualquier tipo de dependencia. Como tú.
Otro domingo de ausencias. Que putada.
París tampoco viene ya a mis escritos. Ni se nada de sus
luces.
Creo que la Torre Eiffel es ahora el punto clave para los suicidas.
Suben
hasta allí para hablar de ti.
Tampoco hay ya tantas historias por allí sobre las que
escribir.
A veces también despierto con olor a café ácido.
Y nunca
atino a darle a la luz,
así que paso los primeros quince minutos a oscuras
hasta que me incorporo y desde el umbral de la puerta
puedo ver lo fea que es
la cama sin ti.
Como estar en mitad del océano sin un jodido faro.
Nunca me haces ya llegar tarde a ninguna parte.
Supongo que
los relojes sienten alivio.
Y se regodean de mi con ese ‘’tic-tac’’ que cada
día
se parece más a tu nombre.
He dejado el trabajo y las faldas han perdido la gracia
desde que no me las subes.
Y me permito un par de canciones diarias. Algunas de Oasis,
o de Sabina.
Solo las dejo sonar una vez. Creo que así no se considera tortura.
O eso me dice mi psicólogo.
Ojalá quisieras venir a cobrarte todos estos domingos.
Y
parar la lluvia.
Que yo no se que piensa el mundo de haberte perdido
pero
mis orgasmos te odian desde tu lado de la cama.
Estoy haciendo un recorrido por tu blog y me doy cuenta que los comentarios que hice el año pasado no están. Sé lo que pasó un error. ¡Maldita #$%/@! Perdón por la palabrota, je, je, je.
ResponderEliminarPor suerte la recorrida vino bien para redescubrir lo que has publicado. Las letras que me encantaron; poemas como éste que, no sé por qué me siento identificado en cierto punto.
No sé si es la memoria mala o el hecho de que ahora, cerca de las tres de la mañana, no es buen momento para leer. Je, je, je. Un poco desveladito. Je, je, je.
A medida que comento las entradas anteriores, las voy compartiendo. La gente debe encontrarte y disfrutar tus letras, así como las disfruto yo.
Que tengas un buen día. ¡Saludos!
Si? Pues no tengo ni idea de lo que ha podido pasar Nahuel, porque de tecnología ando bastante escasa jajaja
ResponderEliminarNo se donde leí o escuché que la causa de todos los males es la falta de empatía, y es cierto, sería imposible que unas letras nos gustasen o nos hiciesen sentir cómodos si la persona que las hubiese escrito no intentase ponerse en su lugar a la vez que se pone en cientos otros para darles cavidad a cientos de vidas que de alguna forma siempre se entrelazan.
Te doy las gracias por enésima vez por tu tiempo, por dedicarme siempre palabras de ánimo y de aliento y por compartir con los demás.
Mil saludos!