miércoles, 8 de noviembre de 2017

Eran tiempos difíciles para la poesía.

Tengo a los pies de la cama una pecera como cementerio de lágrimas, y junto a la almohada una vela apagada para que no puedan encontrarme los malos sueños, ni los viejos fantasmas.
Un ataúd vacío, que no me deja sufrir la pérdida y un puñado de huesos mal apilados en una esquina del salón.

Están siendo tiempos difíciles para la poesía. Nadie se señala las heridas de guerra, ni habla del hambre, la penuria o la enfermedad.

Al otro lado de todas nuestras decisiones, no se como estás. Nosotros, que nos hemos hecho daño juntos despedazándonos los cuerpos desnudos, y ahora no me dejas ver tus cicatrices.
Ojalá otra boca te las esté besando y empiecen a sanar desde dentro, y un día reciba flores y una tarjeta: me han curado.
Y será un buen momento para llorar mucho, hasta desbordar la pecera y dejar a todos los peces en libertad. Y leeré.

Están siendo tiempos difíciles para la poesía, pero lo estoy intentando. Todas las noches pienso en ti sin mí, y te imagino guapo. Espero que estés durmiendo bien.

Yo en cambio tengo atascado en mitad del pecho un océano embravecido y una sensación a llovizna fría cogida a los hombros.

A veces tengo ganas de preguntarte si eres feliz, y trato de recordar que cara pondrías; pero no te veo, cada día tengo tu rostro más ensombrecido; ¿dónde tenías más arrugas al reír? ¿de qué color eran tus ojos, castaños o casi negros?
Y que miedo haber olvidado, contra todo pronóstico, el amor eterno. Septiembre intentó dejar aquí lo mejor del sol y Octubre ha arrasado con todo.

No puedo decirte cuando sucedió. Ni como. Solo se que un día todo empezó a ser insignificante. Y dejé de escuchar tu voz con claridad.
Me habían llevado a Marte y me habían prometido una vida mejor. Y yo adoro las promesas, aunque todas sean inciertas y lo único importante de ellas, es la valentía de quien decide hacerlas.
Pero a mi me vale. Desde Marte no podía verte. Ni escucharte. Y todo se parece tan poco a la última vez.
Y la última vez se parece tan poco a la primera.

Hay una parte de mi  complicada, bipolar e inestable. Y otra sensata, prudente y estática. Siento haberte presentado a la primera, de golpe y sin reparo.

Y que te sintieras indefenso, a la intemperie, porque debajo de este templo, no compartimos oración.
¿A dónde vas cuando te vas y de donde regresas cuándo regresas? Aunque ninguna de las dos cosas las hagas del todo.

Son tiempos difíciles para la poesía en esta habitación sin flores, ni estampidas. Hace tanto del último beso que hasta la ciudad ha cambiado. Nos han robado rincones y las viejas canciones ya no encuentran sus escenarios.

Cuantas promesas truncadas y finales advertidos, salvo el de verdad, como una jarra de agua fría que te congela la sangre y te deshumaniza.

Y ahora me siento un animal abandonado y herido. Y aúllo bajo tu puerta, perdida entre cientos de calles sin salida, entre personas que se abrazan inmersas en su felicidad.
Que poco valor tiene la tristeza ajena.

Hay demasiados inviernos entre los dos y tantas distancias entrometidas que ya no se exactamente que es lo que nos separa, pero debe ser enorme.
Un iceberg gigante en mitad de Madrid, partiendo la ciudad en dos: los lugares a los que íbamos juntos y aquellos que no nos dio tiempo a visitar, y lo cierto, es que no se cuales me duelen más.

Estoy corriendo en dirección contraria, lo se porque nadie me sigue, y el camino correcto siempre está lleno de personas que planean besos y bodas; chicas bonitas con vestidos de flores.
Aquí no hay nadie. Y mis pétalos se quedaron en el suelo de tu habitación.

Están siendo tiempos difíciles para la poesía, que dolorida respira, se arrastra y me mira; le acaricio el lomo mientras gimotea lastimosa.
Nos hemos mirado a los ojos y te hemos encontrado.

Ha vuelto la ciudad.

Las viejas canciones.

Las flores.

Y he podido despedirme, como lo hace un caído de guerra:

A mi más fuerte explosión, 
a todos los pedazos; 
a este corazón mutilado 
que desde mi pecho anhela tus huracanes. 
A mi eterno y perecedero amor:

Te has ido 
y he dejado de entender la poesía.






4 comentarios:

  1. Hola, Amparo. Te convendría cambiar el tipo de letra y el tamaño. Por mi parte, y no sé si será mi ordenador, me resulta muy difícil leer tu texto. Por lo que leo en el inicio estás cada vez más en forma. Avísame cuando lo cambies, pues estoy deseando leerlo. Saludos. (Como has de saber, además de ser el que aquí firma como Lumino, también soy en Face Salvador Gregorio Rey. Por si me lo comunicas por ese medio).

    ResponderEliminar
  2. Ah, mira, podría ser de mi PC o la pantalla, porque ahor lo veo más claro. Aún así , mejor un tamaño mayor. Piensa en los que leen desde tablet o móvil.

    ResponderEliminar
  3. Realmente intenso. Me gustó. Muy contigente.
    Saludos,

    ResponderEliminar
  4. Siempre son malos tiempos para la poesía, esa es su gracia. Al menos eso creo. Pero desde el 2007 que no escribo ni un sólo verso...

    Saludos,

    J.

    ResponderEliminar