martes, 10 de noviembre de 2015

Metafóricamente hablando.

Metafóricamente hablando 
tienes quince poemas 
con los que suelo tener problemas 
siempre de madrugada.

En la cocina se escuchan platos rotos 
pero cuando me asomo, 
todo está en su sitio. 

Este caos que juega al despiste 
y se ríe tan fuerte que me despierta 
cuando estoy a punto de soñarte.

Así que sueño poco y mal.
Y más mal que poco, 
la verdad.

Además, 
por mucho que suba el volumen de la radio, 
de fondo siempre se escucha el sonido 
de algo que se rompe.

Y escupo uno a uno 
todos los trozos de tu vajilla, 
pero nunca los tiro, 
porque aun pienso en enviarte 
una cutre invitación para cenar.

Metafóricamente hablando 
se te escapan melodías 
de la quinta cuerda vocal, 
aquella que te has anudado 
para no pronunciar mi nombre.

 Mientras yo abro las piernas de par en par 
pero nunca doy un abrazo. 

Ni me despido con cariño.
Ni me despido de ti, cariño.

Me sobran todas las camas 
por las que pasear semanalmente, 
pero aun así, 
me meto en ellas; 
porque no todo lo que sobra 
no se hace 
ni todo lo que falta, 
se hace.

Así que ando del revés 
pero prometiéndome que voy hacia delante, 
que a veces me pongo muy pesada, 
y suele ser más rápido mentirme 
que escucharme.

Y cuatrocientas veintitantas mentiras 
tampoco son tantas.

Metafóricamente hablando 
me recuerdas a algo que no recuerdo, 
pero que me mata de pena.

Quiero el traje negro para el entierro 
y que abras el ataúd y te metas dentro. 

Me debes treinta y cinco vidas, 
y esta ciudad se está quedando sin gatos.

Quemamos todos los tejados 
para no encontrarnos 
y evitar la tentación de follarnos 
a esa altura.

A estas alturas que nos separan ya 
suficientes intentos para darme por vencida.

Pregúntale a mis ojeras 
si están contentas contigo.

¿Cuántas terceras personas ha habido 
en nuestro segundo intento?

Y todas como armas arrojadizas 
y teorías evolutivas 
sobre lo que debe ser el amor 
y no es; 
sobre lo que deberíamos hacer 
y no hacemos; 
sobre gemidos ajenos 
que amordazan a los propios.

No somos, pero estamos.
Y estamos porque somos.
Aunque no somos suficiente.

Metafóricamente hablando 
pareces la poesía más bonita del mundo.

Pero claro, 
metafóricamente hablando
dime tú, 
que no parece poesía.

4 comentarios:

  1. Amparo, quiero que me eseñes a trenzar palabras como lo haces, sin dejar nudos que luego duelan al peinarse.

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    1. Ay Juan, pero si tú ya lo haces de maravilla.
      Hay veces en las que empiezo a leer algo tuyo, de un tema concreto y pienso: no, no, no, de esto es imposible que salga poesía.
      Pero siempre lo consigues.

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  2. Son pocos los seres humanos que reinan sobre las palabras, que las dominan como si las hubieran inventado ellos, que les dan formas y contenidos que los demás jamás hubiéramos imaginado, que las hacen reír, llorar, bailar y saltar.
    Celebro haberte encontrado.

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    1. Muchísimas gracias Alberto, yo si que celebro que me encontréis, pero porque creo, que sin todo esto que me decís, sin el apoyo, sin saber que me leéis, sería imposible darle vida a esto.

      Un abrazo.

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