domingo, 27 de septiembre de 2015

Oraciones de una atea.

No voy a llamar más 
a ningún cadáver sentimental. 
Estoy cansada de revivir muertos 
en un intento de sentirme viva.

He descubierto que las cervezas frías 
y los locales mugrientos, 
también pueden despertarme, 
aunque necesite reunir mil sábados 
y esquivarte en los sucesivos domingos.

Fui a misa hace tres semanas 
y recé sin creer en nadie ni en nada. 

Recé sin oraciones 
ni plegarias.

Y volví a casa esperando 
una señal que nunca llegó.

No creo en los milagros, 
pero creo en ti, 
y debe de ser algo muy parecido.

Me he muerto de pena. 
Lo noto. 
He muerto aunque nadie lo sepa. 
Aunque me escuchen respirar, 
aunque me vean caminar, 
incluso aunque me oigan. 

He muerto 
y ya no me miro al espejo 
porque no tengo nada que decirme.

No se quien me dijo que eran tonterías 
disfrazadas de verdades muy serias. 
Que tenía que aprender a diferenciar. 
A separar.

Pero no encuentro la cremallera 
con la que bajarles la mentira. 
Así que las acepto. 
Las acepto en un intento 
de aceptarme a mi misma.

Hay una parte de mi que necesita vacaciones 
en una ciudad con mar. 
Porque no hay vacaciones sin mar, 
pero no todos los mares esconden vacaciones.

No se si me explico.

Allí donde se descansa siempre huele a mar, 
pero no todas las sales curan heridas.

Y es una lata. 

Te desnudas 
y rezas para que cicatricen. 
Y a veces no funciona.

Fe ciega es creer que haya una mirada 
que te cure de los únicos ojos 
que han jugado a apuñalarte. 
Es creer que otras manos no te repugnen 
cuando se te deslizan por la columna vertebral.

Tengo la educación del creyente. 
Aquel que espera a su destino 
agradeciendo cada uno de los obstáculos. 
Que los venera.

Que Dios no ahoga pero aprieta,
pero si tiene que ahogar, 
que siga apretando.

No tengo Salvador, 
tengo a un Judas mentiroso 
que me besa los labios. 
Con lengua y sin saliva.

Me he desnudado 
y he subido a tu cruz. 
Con las piernas abiertas 
y la boca cerrada, 
porque te molestan mis preguntas impertinentes. 

Tengo que creer sin entender 
y ya empiezo a notar la caída. 
Me dolerá tanto tiempo, 
que van a diagnosticarme una muerte clínica.

Ponme en un ataúd de madera oscura 
y léeme todas las noches en voz alta, 
fuerte, 
que haya algo en mi que nunca muera; 
que haya algo en ti 
que necesite dedicarme toda la poesía 
que salga de tus labios 
aunque se la recites a otras piernas 
a las que nunca les cuentas tu luto.

A otras piernas que nunca te preguntan por mi, 
aunque me vean en tus ojos.

Están follando con el viudo más guapo 
de toda la ciudad. 
Le dedican sonrisas diabólicas a mis cenizas. 
Y siempre pienso lo mismo: 
que todos los caminos, 
tarde o temprano, 
pasan por el infierno.

Y en los suburbios de ti mismo, 
nadie se mueve con más agilidad que yo.

Es un punto de vida 
en favor de nuestra muerte.

Judas va a besarme en los labios, 
le he preguntado si piensa traicionarme.


Dice que disfrute de nuestra última cena




17 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchísimas gracias de nuevo Juan, aunque te las vuelvo a dar gustosa, no creo que me canse de agradecértelo! Sabía que especialmente este, iba a gustarte, quizás por ese ladito ''oscuro'' o un poco ''tétrico'' que tiene. Y es genial haber acertado!
      Un abrazo!

      Amparo.

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  2. Respuestas
    1. Muchas gracias Carlos, menuda cualidad bonita has adjudicado al texto.

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  3. Cada una de las palabras son para comérselas. Hay una canción de Sabina, que no sólo porque rima es divina, en la que implora para que un poema le salga tan bien que sea una oración. Seguro que si quieres la encuentras en el mar de la red. ... Una pista: parece ser que la escribió en conjunto con el subcomandante Marcos. Un beso tan guapo como tú y como todo lo que escribes. Tú vales, nena.

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    1. Ay Lumino, que apareces siempre de la mejor manera. Me gusta mucho leer tus comentarios, siempre me enseñas algo nuevo aunque en tu ''modo lector'', y eso es una cualidad de las personas enriquecedoras. La buscaré, y seguro me encantará, como casi todo lo que me enseñas.
      Recuerda lo que creo haber dicho ya en más de una ocasión, me diste un empujoncito bastante necesario.

      Un abrazo gigantesco.

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    1. Ay, gracias y más gracias, me da muchísima alegría saber que te gusta!

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  5. Cada palabra cargada de sentimientos. ¡Saludos! : )

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  6. Hermosa reflexión de un mundo que no se quiebra, de milagros. Te felicitó.

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  7. Hermosa reflexión de un mundo que no se quiebra, de milagros. Te felicitó.

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    1. Muchísimas gracias Miguel... Si, lo cierto es que se quiebra, el problema es que olvidamos que nosotros con él.

      Un abrazo.

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  8. Respuestas
    1. Muchísimas gracias German, que bien sienta empezar el día leyendo algo así!

      Un abrazo.

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